Se considera que una microbiota saludable posee una rica biodiversidad y funciona en simbiosis con su huésped para promover el bienestar. Sin embargo, la disbiosis se asocia ampliamente con una multitud de enfermedades gastrointestinales, así como con afecciones cardiometabólicas . Un desequilibrio o una ruptura de la homeostasis microbiana puede desencadenar alteraciones metabólicas que reflejan enfermedades crónicas. En consecuencia, los factores ambientales desempeñan un papel fundamental en la modulación de la interacción entre la microbiota y el huésped. Recientemente, se considera que el ejercicio influye significativamente en la promoción de un microbioma saludable, lo que resulta en un menor riesgo cardiometabólico.
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Índice
Todas las enfermedades comienzan en el intestino.
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Se ha dicho anteriormente que el microbioma está compuesto por bacterias, virus, protozoos, hongos y arqueas; es un ecosistema que funciona simbióticamente con el anfitrión. Además de esto, el perfil del microbioma de un individuo se establece temprano en la vida y está fuertemente influenciado por la lactancia materna, el parto, la ingesta dietética, el destete y la exposición a diferentes bacterias ambientales. Eventualmente, el microbioma afectará el desarrollo del sistema inmunológico y la fisiopatología de diferentes condiciones.
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En consecuencia, la disbiosis comprende una biodiversidad reducida, y la pérdida de bacterias beneficiosas que resulta en el crecimiento excesivo de patógenos oportunistas promueve una disfunción del equilibrio. Además, la permeabilidad intestinal y la sobreproducción de metabolitos tóxicos inducidos por bacterias dan como resultado la translocación de la circulación del huésped. Además, estos patógenos dañinos en la circulación del huésped promueven la inflamación subclínica, induciendo un entorno adecuado para las condiciones gastrointestinales y metabólicas.
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Cómo el ejercicio influye en la microbiota
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A lo largo de los años, se propuso la hipótesis de que el ejercicio podría ser un poderoso modulador de la microbiota. Sin embargo, solo recientemente los estudios han podido confirmar su interacción. Los estudios en humanos han demostrado que la diversidad de la microbiota aumenta en los atletas en comparación con los controles de edad, sexo y tamaño corporal que no participan en actividades deportivas. En esta misma muestra, los atletas mostraron una mayor representación microbiana de genes involucrados en carbohidratos, aminoácidos y ácidos grasos de cadena corta (AGCC).
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A pesar de este y de los emocionantes hallazgos de otros estudios, la inducción de la biodiversidad de la microbiota a través del ejercicio no se entendió completamente. Por lo tanto, es crucial considerar que estos grupos de personas consumían diferentes regímenes dietéticos.
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Recientemente, se ha dilucidado que la biodiversidad de la microbiota se correlaciona con la aptitud cardiorrespiratoria en pacientes adultos. Por otro lado, otros estudios han encontrado que la composición corporal, los hábitos dietéticos y la ingesta nutricional son factores de confusión importantes que deben tenerse en cuenta al evaluar la diversidad de la microbiota intestinal.
· Microbiota , ejercicio y composición corporal
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Los estudios realizados en humanos sugieren que el ejercicio modifica la microbiota, la producción metabólica y la capacidad funcional. Sin embargo, la composición corporal juega un papel determinante en estas alteraciones.
Un estudio de investigación para demostrar los efectos del ejercicio y la composición corporal en la microbiota intestinal encontró resultados interesantes. Además, este estudio incluyó a 18 participantes delgados y 14 obesos y participó en un entrenamiento de ejercicios supervisado de 6 semanas. Posteriormente, los participantes volvieron a un estilo de vida sedentario. Para observar los resultados, se recolectaron muestras fecales de cada participante antes y después del período de intervención de 6 semanas y después del período de lavado sedentario.
Sujetos delgados frente a sujetos con sobrepeso
En este estudio en particular, las sesiones de entrenamiento fueron supervisadas y consistieron en ejercicios de resistencia. Después de esto, la línea de base comenzó a los 30 minutos y progresó a 60 minutos, de intensidad moderada a vigorosa. En consecuencia, esta intervención resultó en el reconocimiento de que la microbiota intestinal depende del estado de obesidad. Por otro lado, las muestras fecales aumentaron la concentración de ácidos grasos de cadena corta en los participantes delgados, pero no hubo ningún efecto beneficioso en los sujetos obesos. Otro resultado interesante fue que el ejercicio podría modular la producción metabólica de la microbiota y esto aumentó los genes bacterianos que producían niveles elevados de ácidos grasos de cadena corta. Este estudio también encontró que todos los efectos beneficiosos y los cambios inducidos por el ejercicio se invirtieron en el período de descanso sedentario. Para saber más sobre la composición de su cuerpo, visítenos en El Paso Functional Medicine, donde podemos medir su composición corporal.
Ejercicio, microbiota y salud de la mujer
Las enfermedades gastrointestinales como el síndrome del intestino irritable, la colitis ulcerosa y la enfermedad inflamatoria del intestino se encuentran comúnmente en las mujeres. En consecuencia, el tratamiento de estas afecciones tiende a depender de la prescripción de probióticos y prebióticos que resultan en mejoras. Esto aclara que manipular la microbiota intestinal para recuperar el equilibrio microbiano mediante la reducción de la disbiosis es una estrategia terapéutica viable.
Además, un estudio español observó el efecto del ejercicio sobre la microbiota en mujeres. Este estudio se caracterizó por utilizar las recomendaciones de ejercicio de la Organización Mundial de la Salud y compararlas con la microbiota de mujeres sedentarias. Para medir los resultados, se emplearon la secuenciación del gen 16S rRNA y la PCR. Por el contrario, estos autores observaron que las mujeres activas presentaban una mayor abundancia de especies bacterianas beneficiosas para la salud, como Faecalibacterium prausnitzii, Roseburia hominis y Akkermansia muciniphila.
Otra contribución importante de este estudio fue que el porcentaje de grasa corporal de esos sujetos activos fue menor en comparación con sus contrapartes sedentarias. Si bien esto no fue parte de los factores considerados inicialmente, contribuyó a manipular las observaciones finales.
Cuando decimos que eres lo que comes, queremos decir que somos la interacción entre nuestro microbioma, lo que comemos, cómo lo procesa y lo que hacemos. Por tanto, somos el resultado de nuestra simbiosis con nuestro entorno. Sin embargo, la influencia que tiene el microbioma en nuestra salud depende de nuestro gasto cardíaco. En consecuencia, el microbioma puede protegernos del desarrollo de enfermedades cardiometabólicas al reducir la permeabilidad intestinal y mantener un perfil equilibrado. La conclusión general de estos y muchos más estudios es que el microbioma se puede modificar fácilmente, revirtiendo su estado original. Por tanto, depende y refleja nuestros hábitos nutricionales y de estilo de vida.
La simbiosis entre el microbioma intestinal, la salud, la nutrición y el ejercicio refleja en un nivel más profundo la cantidad de conocimientos recopilados a lo largo de los años. Ahora sabemos que el ejercicio no funciona como un diagrama de “energía en energía”, sino que ejerce efectos beneficiosos para la salud de forma dinámica. Sin embargo, sus efectos relacionados con el microbioma son más beneficiosos en sujetos delgados que en pacientes obesos. Además, esto no es una excusa para mantener un estilo de vida poco saludable si tiene sobrepeso. Por otro lado, es un indicador que nos permite saber que su intervención podría necesitar un poco más de ayuda en esta área en particular. ¡Tus objetivos de salud son únicos! - Ana Paola Rodríguez Arciniega, MS
Referencias:
Allen, Jacob M., et al. “El ejercicio altera la composición y función de la microbiota intestinal en humanos delgados y obesos”. Med Sci Sports Exerc 50.4 (2018): 747-57.
Bressa, C., et al. “Diferencias en el perfil de la microbiota intestinal entre mujeres con un estilo de vida activo y mujeres sedentarias”. PLoS ONE Â 12.2 (2017): e0171352.
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